Líquida felicidad

Buscando en la RAE el significado de felicidad me encuentro con lo siguiente: Estado de grata satisfacción espiritual y física. Hasta hace poco se hablaba de mente y cuerpo, me gusta esta redefinición. Y es que, el concepto de felicidad, cada vez más presente en nuestro día a día, ha llegado a convertirse en un objetivo vital demasiado abstracto y difuso.

Cuando Zygmunt Bauman, incorpora el calificativo de líquida a: modernidad, sociedad o amor, se refiere a cómo en el momento actual las realidades sólidas de nuestros antepasados se han desvanecido. A partir de ahí, ¿y si el concepto de felicidad se desvaneciera para volver a conformarse una y otra vez?

Cuando preguntas a un adolescente ¿qué quieres ser de mayor?; una de las respuestas que más rápidamente emergen es: ser feliz, y cuando insistes ¿qué es la felicidad para ti?, es habitual que se refieran al hecho de TENER, de POSEER, o HACER muchas cosas, además de la curiosa cosificación de las personas (tener un/a novio/a). Y sin embargo, la felicidad nunca ha sido una meta, sino un estado, un modo de ESTAR, de tomarse las cosas, de abordar la vida y las situaciones; puede que en ocasiones condicionada, pero nunca determinada por el TENER.

En mi idea de felicidad hay varios ingredientes: ilusión, juego, afectos… todos ellos entrelazados en la experiencia vital. En paralelo, siento la necesidad de ser parte fundamental, de trazar mi camino, y luego dejar que lo demás fluya: mover el cuerpo, activar la mente, aprender cosas nuevas, pensar en positivo (ver el vaso medio lleno), meditar, centrarme en algo que me ilusione, soñar en grande y actuar en pequeño, perdonar, trabajar la voluntad y posponer la recompensa.

Hoy en el taller nos hemos sumergido en una historia  con múltiples posibilidades, y el agua como protagonista. Hemos conformado un escenario de telas, conchas y piezas marinas para en silencio mirar en nuestro interior. Luego, un juego abierto y participativo ha propiciado el abrazo en grupo, para finalmente representar ese estado de bienestar conformando pequeñas piezas con pasta de modelar.

Huella de afectos y juego transformador

Cada vez que en esta ciudad, me acerco a contemplar el trabajo artístico que se realiza con los más pequeños, me debato entre dos bloques de “sentires” que me resultan contradictorios. Por un  lado: el reconocimiento, el agradecimiento y la empatía. Por otro: la decepción, la crítica y la rebelión. El primer conjunto de “sentires” aprecia la entrega y el trabajo de los educadores, y pone en valor el recorrido con l@s chavales. El segundo, tiene que ver con la constatación desde hace años, de que conceptos relacionados con: pensamiento creativo, educación artística, desarrollo emocional desde las artes, SOLO se desarrollan con los más pequeños; y cada vez que me ocurre esto, me pregunto: ¿qué pasa, que los niños no crecen? ¿qué ocurre con los preadolescentes, y con los adultos? con todos los demás ¿no tienen necesidades educativas emocionales

En general, nuestros niños aterrizan en la guardería, de ahí pasan al colegío, y más o menos hasta los 6 años tienen un acompañamiento artístico-emocional muy intenso. Después, de modo variable, ÉSTO queda interrumpido. El concepto de juego evoluciona hasta diluirse y llegar a la adolescencia en la que ya estamos absolutamente desocupados delproceso. Y es cierto, son edades difíciles, de mucho cambio físico, mental y emocional; edades en las que l@s chic@s no saben ni lo que quieren, ni como transmitirlo. Por no saber, a veces no saben ni LO QUE NO QUIEREN, y precisamente por ello es cuando más necesitan de todos estos estímulos y acompañamiento.

Juego simbólico y transformación

No creo que sea muy transformador el protestar y quejarse, me parece más enriquecedor expresar cómo ve un@ las cosas y trabajar al mismo tiempo contribuyendo al cambio.

La sesión de hoy conceptualmente estaba enfocada en la huella que en nosotros dejan los afectos. Hemos partido del juego simbólico construyendo una historia fantástica en la que entre los propios participantes han determinado sus  roles. En el reparto ha estado muy presente el origen de cada uno, el lugar al que llegaban (en conexión con la flor distinta), las características de cada participante que determinaban sus nuevas aptitudes. El “conductor del juego” ha orquestado el hilo de una historia en la que convivían: una paladin, una hechicera, una cazadora, una maga, una pícara, una guerrera… Después, hemos hecho visible la huella de los afectos en un gran mapa de sal de colores sobre papel continuo.