Aprendiendo a quererme, autoestima y mucho más

La autoestima habita de tal modo nuestras vidas, y está tan en boca de la mayoría que es difícil no tenerla presente. Valor personal, necesidades, estabilidad emocional, salud mental, derechos… son lados amables que se dibujan desde el ideario común, y que cuentan con el aplauso del conjunto; Pero ¿qué ocurre cuando la diferencia acampa y nos salimos de las pautas establecidas…? ¿cuando queremos ser nosotr@s mism@s pero estamos tan influenciad@s por la “contaminación de lo ajeno” – tan presente en las redes-, que nos perdemos entre los patrones dominantes… ¿Cuando perdemos el norte de lo que realmente queremos porque buscamos desesperadamente la aceptación?

Es por eso que en el taller transitamos por un continuo aprender a conocernos mejor en paralelo a un aprender a querernos más, un ejercicio de complicado equilibrio porque vivimos invadidos por la imagen y la diferencia, esa que nos aportan quienes nos rodean y que supone un resituar miradas, aceptar realidades y desactivar culpas.

La adolescencia es una etapa en la que l@s chic@s sufren altas y bajas en su nivel de autoestima, y el ejercicio de reconocerse y aceptarse se convierte en algo cotidiano que precisa del apoyo del entorno: de los amigos y de los adultos de referencia. Por eso, las críticas de padres y compañeros pueden hacer mucho daño, las comparaciones son raramente constructivas, y el conflicto continuado que no reconoce méritos genera: enfrentamiento, tristeza y abandono.

Hoy desde nuestra propia representación, hemos recordado nuestros logros, identificado nuestros puntos fuertes, potenciado nuestras cualidades, impulsado el aprendizaje desde nuestros errores, recordado el estar atentos para no comparar, y la meta compartida de construir la propia felicidad evitando la culpa por la infelicidad ajena.