Metolerate. Educación para la convivencia en un mundo intercultural

Metolerate ha sido un Campamento urbano educativo en el que a partir de la vivencia y el juego, hemos desarrollado conceptos de los que se habla mucho y, pocas veces tenemos ocasión de experimentar desde la práctica y la consciencia: apertura a la diferencia, respeto, aceptación, hospitalidad, pluralidad, comprensión, convivencia y mucho más que tolerancia.

La idea, que surge de las carencias relacionales entre los adolescentes de hoy en día en un mundo de numerosos estímulos visuales y tecnológicos, ha acompañado y conducido a los chicos y chicas del barrio de San Cristóbal de los Ángeles en el entendimiento de nuestra relación con el otro, y en la construcción de relaciones más abiertas, respetuosas y enriquecedoras. 

Hemos jugado y aprendido en las instalaciones de Casa San Cristóbal, y también hemos salido del recinto interactuando con el entorno. Muchas horas y experiencias compartidas, con los chicos y chicas, y con profesionales de la educación y la psicología; haciendo: actividades plásticas, performance, nuevas tecnologías, movimiento corporal, narrativas visuales y sonoras, juegos de conocimiento… y mucho aprendizaje.

Dos intensas semanas en las que nos hemos apoyado en los Lenguajes creativos, tejidos con las lnteligencias múltiples, muy especialmente en la Inteligencia cultural y social, entrenando: la escucha, el diálogo, la comunicación, la percepción y la importancia del contexto, el intercambio, la apertura, el respeto, el no juicio, la comprensión, la tolerancia, la acogida y la hospitalidad. 

Gracias a todos y a todas por propiciarlo, por participar, por apoyarlo y conducirlo, y a quienes lo estáis leyendo, por darle visibilidad.

La memoria afectiva. IntrepidART

 

 

El proyecto con el que hemos contribuido al III Encuentro Multidisciplinar de Arte Digital IntrepidART, focalizado en ”La memoria”, ha propiciado el que estableciéramos un puente entre parte de los objetivos del ciclo (abordaje de las emociones desde el pensamiento creativo), y la MEMORIA, centrándonos en la parte AFECTIVA, surgiendo así “La memoria afectiva“.

Los chicos y chicas han explorado el cuerpo propio y el ajeno, la mirada más y menos condicionada, la distancia, la huella… y han expresado desde la más rica gestualidad lo que les mueve y conmueve, lo que les hizo vibrar, lo que la memoria rescata desde la afectividad para seguir conectados y conectadas a la vida y al momento presente. Han volcado su sentir desde la palabra, desde la poesía, desde la auto-fotografía y la fotografía al otro, resignificando la “otredad”. Generando un proyecto de arte comunitario con componentes sociales y afectivos significativos.

La enfermedad representada

Todo pasa, lo malo también, el dolor también.

Lo sé, lo he vivido. Pero (y cada vez que en una afirmación hay un pero, me da que pensar), cuando estás en el núcleo del huracán, en plena experiencia dolorosa en primera persona -en este caso la enfermedad-, es muy fácil olvidarse de que todo pasa.

Acabo de vivir este proceso sintiendo que estaba dentro y fuera al mismo tiempo. La medicación era tan fuerte que me dejaba en un estado de semi-letargo, consciente de lo que ocurría pero agotada. Una larga semana en la que apenas dormí, en la que me sentía exhausta, en la que el dolor me hacía cambiar continuamente de postura, sin aguantar mucho de ningún lado, en la que tenía alteraciones en la visión,  en la que la lengua estaba permanentemente pastosa, y me cambió el sentido del gusto, en la que la sensación de sequedad era agobiante, la vejiga siempre llena, y los diversos dolores se intercalaban: punzante en el hígado, presión del ciego, crispación del estómago, contracción del intestino.

Quince días, cambio de medicación, síntomas que van menguando, y efectos secundarios que se disuelven. Consciencia de todo a cámara muy lenta y lucidez de que esto no ha sido nada, un susto, un paréntesis corto. La tremenda perspectiva de la relatividad de la vida y de las cosas. Querer incorporar este ritmo pausado a mi día a día, sin prisas, sin querer abarcar tanto, mimando lo que decido hacer, deteniéndome en el detalle, siendo cada vez más verdadera. Atenta a la vulnerabilidad y a la pena. Sentirme afortunada y en paz.

Hablamos en nuestro taller de la enfermedad, de lo que pasa cuando se está malita o malito. De cómo de importante es el estado del alma, la cabeza, los cariños… de cómo se supera lo físico cuando lo demás está en orden. De qué ocurre a nuestro alrededor cuando no nos encontramos bien, la importancia del abrazo sincero, de sentirse significativo/a.

Alguno/as representan enfermedades que para ellos fueron importantes. Otros/as, afortunadamente aún no vivieron experiencias duras en este sentido, así que con el foco puesto en el hecho de no encontrarse bien, expresan su manera de percibir la enfermedad, lo plasman con pinturas al agua y color.

No siempre es fácil el ejercicio de inmersión, pero al final logran concentrase y reproducir su visualización de la enfermedad y lo que ocurre mientras tanto.

 

 

La familia construida

Una de las leyendas del árbol de Wanamey explica los orígenes de los humanos: Al parecer, los primeros pueblos fueron hijos del día y de la noche. Cuando tras la oscuridad se hizo la luz y el sol iluminó la tierra, apareció la humanidad y con ella surgieron los animales antiguos. 

Durante muchos años vivieron inocentes en paz y armonía. Cuando el hombre comenzó a desarrollarse se inició desorden. Los animales dejaron de convivir, y se entró en un periodo de desequilibrio.

Para que los humanos se salvaran del desastre eligieron a una pareja pura, de cuya unión nació un bebé, y de su interior surgió el árbol de la vida.

La historia es más larga y compleja, aclarando muchos conceptos desde el pensamiento mítico. Lo que a nosotros nos interesaba era tomar el mito como inspiración; y a partir de ahí, trasladar en forma de árbol, la gran familia que se ha ido construyendo a partir del vínculo creado entre los participantes del taller y que ha extendido sus ramas fuera del mismo.

La inspiración plástica de múltiples árboles de la vida da forma a una sencilla representación, que recoge el tejido de interrelaciones generadas de manera espontánea, y que evoluciona con la atribución de roles y características.

El árbol que surge es un producto invertido, nace en la copa, multiplica sus ramas con bifurcaciones y relaciones generando frutos muy personales.

Una metáfora de la familia construida por estos chicos y chicas, en la que cada participante tiene un papel concreto y significativo: la madre, las hijas, los padres, los y las hermanos… Una representación reflejo de un deseo compartido y la necesidad de vinculación afectiva más allá de lo biológico.

Huella de afectos y juego transformador

Cada vez que en esta ciudad, me acerco a contemplar el trabajo artístico que se realiza con los más pequeños, me debato entre dos bloques de “sentires” que me resultan contradictorios. Por un  lado: el reconocimiento, el agradecimiento y la empatía. Por otro: la decepción, la crítica y la rebelión. El primer conjunto de “sentires” aprecia la entrega y el trabajo de los educadores, y pone en valor el recorrido con l@s chavales. El segundo, tiene que ver con la constatación desde hace años, de que conceptos relacionados con: pensamiento creativo, educación artística, desarrollo emocional desde las artes, SOLO se desarrollan con los más pequeños; y cada vez que me ocurre esto, me pregunto: ¿qué pasa, que los niños no crecen? ¿qué ocurre con los preadolescentes, y con los adultos? con todos los demás ¿no tienen necesidades educativas emocionales

En general, nuestros niños aterrizan en la guardería, de ahí pasan al colegío, y más o menos hasta los 6 años tienen un acompañamiento artístico-emocional muy intenso. Después, de modo variable, ÉSTO queda interrumpido. El concepto de juego evoluciona hasta diluirse y llegar a la adolescencia en la que ya estamos absolutamente desocupados delproceso. Y es cierto, son edades difíciles, de mucho cambio físico, mental y emocional; edades en las que l@s chic@s no saben ni lo que quieren, ni como transmitirlo. Por no saber, a veces no saben ni LO QUE NO QUIEREN, y precisamente por ello es cuando más necesitan de todos estos estímulos y acompañamiento.

Juego simbólico y transformación

No creo que sea muy transformador el protestar y quejarse, me parece más enriquecedor expresar cómo ve un@ las cosas y trabajar al mismo tiempo contribuyendo al cambio.

La sesión de hoy conceptualmente estaba enfocada en la huella que en nosotros dejan los afectos. Hemos partido del juego simbólico construyendo una historia fantástica en la que entre los propios participantes han determinado sus  roles. En el reparto ha estado muy presente el origen de cada uno, el lugar al que llegaban (en conexión con la flor distinta), las características de cada participante que determinaban sus nuevas aptitudes. El “conductor del juego” ha orquestado el hilo de una historia en la que convivían: una paladin, una hechicera, una cazadora, una maga, una pícara, una guerrera… Después, hemos hecho visible la huella de los afectos en un gran mapa de sal de colores sobre papel continuo.

Mapa de afectos. Secretos y confidencias

Un Mapa de afectos puede evolucionar de muchas maneras, iniciarse en modo bidimensional, adquirir 3D, y conformarse como algo en continua evolución, vital y en sinergia con lo importante de lo cotidiano.

Un Mapa de afectos parte de un núcleo común que va integrando en su desarrollo otros tantos núcleos que se superponen y dan sentido al significado que se despliega a partir de él. Si la semana pasada arrancamos con el territorio -tal vez lo más evidente a la hora de dibujar un plano-; esta semana continuamos el trazo en base a las confidencias, pequeñas y grandes cosas que nos unen -que hermanan al grupo-, y que lo hacen único e irrepetible.

Lo que no explico a mis padres ni a casi ningún adulto… lo que no cuento a mis herman@s… lo que ni siquiera escribo en mi diario… o quizá sí. Lo que solo saben mis mejores amigos…

Con el peso que para los adolescentes tienen los espacios y los tiempos “para los secretos”; con todo el valor que supone el aceptar como partícipes de lo propio a compañer@s de taller que no se ha elegido, con los que se ha  generado vínculo, y a los que se ha permitido el acceso a la intimidad; entre tod@s conformamos una ruta.

Una historia como detonante, un espacio acotado de seguridad y confianza, hablar entre susurros, escuchar en silencio respetando los tiempos de cada cual, el leve movimiento corporal suave y dinámico que hace que la piel sea protagonista, el juego espontáneo de manos cercanas y enredadas que se torna plástico, visual y evidente al enlazarlas con un hilo de meandros trazado en verde de apenas 3mm. de espesor.

Lo que pasa cuando elijo 

El mito de Paris y todo lo que le rodea, nos sirve de arranque e inspiración para este nuevo taller. Como todas las historias míticas acoge gran cantidad de significados, ante los que es preciso desmadejar como si de un ovillo se tratara.

La historia abre la puerta a diferentes temáticas: la competición, los celos, las consecuencias de mis elecciones… Cuando en la vida nos toca elegir entre algo que nos gusta y algo que nos desagrada es muy-muy fácil. Personalmente me cuesta ocupar el concepto de elección en estos casos, porque lo que vamos a escoger está escogido “per se”. Ahora, cuando nos encontramos con circunstancias en las que tenemos que decidir entre opciones que nos agradan, o entre alternativas que nos disgustan, la cosa se pone complicada, porque hay que medir muy bien el peso de nuestra decisión, prever las consecuencias, asumir que vamos a ser capaces de aceptarlas y asumirlas; dejando un margen de incertidumbre difícil de gestionar. Cuando nos situamos en ese momento presente en el que lo que tenemos resulta insuficiente, nos colocamos en una situación de responsabilidad y madurez que requiere que podamos sostener lo que pasa cuando elijo. 

Dicho lo cual, considero el modo condicional como un gran aliado de la literatura, por eso cada vez que ante un hecho pasado escucho el “si hubieras hecho tal o tal cosa…”, me revuelvo ante la injusticia e inconsistencia de una afirmación de tal calibre, realizada con un conocimiento “a posteriori”, inexistente en el momento de la elección.

París distraído, Hermés meditabundo, Atenea desdoblada, racial Afrodita, Hera anfitriona, y Eros enredando.

Tras la narración mítica, hacemos pequeños grupos de dos y tres personas identificando situaciones ante las que me cuesta o me ha costado decidir. Conformamos un juego de personajes inspirado en el mito y su contemporaneidad, que luego plasmamos en un role playing, desgranando lo que pasó ante mis decisiones, y el aprendizaje que ha supuesto para procesos futuros.

Elijo que me critiquen como soy, a ser alguien que no soy
Elijo declararme al chico que me gusta y que me deje en la “friend line”, a quedarme con uno que no me gusta aunque yo le guste.
Prefiero quedarme sin móvil a quedarme sin mascota.
Entre dos personas a las que quiero mucho como mi mamá y mi papá, no puedo elegir.
Me da igual elegir (Elijo no elegir).

 

La mirada poliédrica

Apoyándonos en el pensamiento creativo, nos sumergimos en el abordaje de la imagen propia. Trabajamos la mirada poliédrica (las múltiples miradas y expresiones del rostro ante una realidad compartida). Con el “disparador “ de como me veo/como te veo: de la alegría a la tristeza, nos lanzamos a una reflexión individual que más tarde se abre al grupo relativa a mi manera de expresar mi alegría y mi pena.

Arrancamos con una narrativa  verbal que trasladamos a lo visual:

Cómo te ríes?  cómo lloras? de qué modo? sonoro? suave? a escondidas? cuanto te dura? por los nervios? de verdad? qué haces cuando el otro ríe/llora?

Cómo me veo. Garabato

Cómo me veo, mi alegría y mi tristeza

A partir de ahí, cada un@ se mira en un espejito con el que recorre el propio rostro, identificando la parte del mismo más representativa al expresar alegría y tristeza: los ojos, la boca, la nariz, los hoyuelos… La reconocemos y representamos garabateando. Teniendo como inspiración el garabato de Winnicott quien lo propone como sustituto a la hora del juego, recurso alternativo que permite la exploración de la naturaleza ante la interacción del sujeto con su mundo interno.

Como te veo. Fotografía

A continuación hacemos parejas de modo que cada compañero plasma a través de una fotografía la fracción del rostro del otro más representativa cuando expresa  alegría o tristeza.

Curioso cómo la expresión propia y la ajena no siempre son coincidentes, como los elementos que nos informan del estado del otro pueden pasarnos desapercibidos… o cobrar intensidad.

Y me pregunto si en un grupo que se conoce pasa esto… ¿qué no pasará entre desconocidos? ¿Observamos al otro, escuchamos su rostro, su cuerpo…? ¿Interactuamos con él, o más bien nos lanzamos a expresar lo que a nosotros nos ocupa?

Me hago mayor. Cambio y descubrimiento

Vivimos condicionados por lo que fuimos y creemos que seguimos siendo, y hasta las cosas que hemos arreglado, o creemos que hemos resuelto, siguen produciendo un efecto en nosotros, lo que también se traduce en las limitaciones que ponemos a nuestra vida, en nuestros avances y aparentes retrocesos.

Construimos y destruimos nuestra autoestima, aprendiendo de los errores y situando la frustración, hasta darnos cuenta una y otra vez, que se trata de estar continuamente haciendo camino, de trabajar sobre ello para “volver a ser, para recuperarse uno mismo” y convertirse en persona.

Las emociones nos envuelven, el sentir se transforma en pensamiento y a partir de ahí nos ponemos en acción. No todas las emociones negativas son malas. Me encuentro continuamente con devastadoras y confusas propagandas sobre la necesidad de reconquistar el ser feliz frente a la pena, como si las emociones “bajas” fueran malas. Estamos diseñados para experimentar la alegría y la tristeza, el dolor, el miedo, la sorpresa… todo tiene sentido y todo está interrelacionado, no podemos vivir solo en la luz, del mismo modo que vivir solo en la sombra sería inviable. La pena, la pérdida, el dolor simplemente están, y en ocasiones son grandes inspiradores. Resulta duro y exigente este mundo en el que todo tiene que ser “limpio y bonito”. Me encanta el Elogio de la sombra de Tanuzaki con esa alusión permanente a la belleza de lo efímero, la ausencia de luz, la importancia de la huella, de la fractura, y la necesidad del otro lado para poder estar en equilibrio, el famoso yin y yang del universo oriental.

En medio de todo me hago preguntas y exploro mis respuestas. Me miro al espejo, me cuestiono, pregunto como me ve el otro, escucho, analizo el contraste, me construyo con mi mirada y con la ajena. Cambio, me dejo aconsejar, sabiendo que el consejo del otro  es una orientación para decidir, nunca una obligación, descubro. Abordamos la confianza, esa forma de entrega que ocurre casi sin que te lo propongas, confío. Nos detenemos en la imagen de uno mismo generada desde lo emocional sumergiéndonos en un ejercicio de reconocimiento de nuestro rostro a partir de la fotografía, lo enlazamos con el reconocimiento del otro. La imagen percibida desde diferentes miradas y mi autopercepción.

Tercera piel, mi espacio vivido

Una de las cosas que nos rodean y nos construyen tiene que ver con el espacio que ocupamos y nuestra relación con él, de ahí esa continuidad de nosotros mismos en lo que hemos denominado “tercera piel”.

Puede que no siempre seamos conscientes del peso simbólico que el espacio ejerce en nosotros y en los que nos rodean, pero si un@ se fija, cuando accede al espacio físico perteneciente a otra persona, se adentra en un territorio lleno de información, significado, y claves para desentrañar a la persona.

La casa de cada un@

La instancia más inmediata del espacio vivido es la casa de cada un@, y dentro de la casa, la pieza o piezas que consideramos propias. Puede que un adulto se encuentre más en sintonía con la cocina -por ejemplo-, que con el dormitorio; pero en el caso de los adolescentes, la pieza más próxima suele ser la habitación de cada un@. El que sea compartida o no determinará cómo definimos y limitamos nuestro “espacio” o “sub-espacio” más personal y cercano.

Hoy hemos abordado la plasmación de ese espacio y la ensoñación sobre el mismo. Hemos partido de cada realidad personal, para adentrarnos en la fantasía, retomando elementos realistas necesarios para tomar consciencia y redefinir como querríamos y podríamos configurarlo.

Más espacio, más o menos cosas, el orden y la distribución del mobiliario, el color de las paredes, el del suelo y el del techo, incluso… Un conjunto de elementos a considerar sabiendo que el significado simbólico del espacio tiene una gran incidencia sobre los procesos situados en la base de la identidad social en relación con el entorno. La Psicología Ambiental, (disciplina que analiza las relaciones entre las personas y su entorno), evaluaría y situaría estos elementos y su interrelación.