Saber quien soy (II). Tu mirada y la mía.

Percibo la identificación de la propia identidad como un largo camino vital que se inicia desde el momento en que tomamos consciencia y va desarrollándose a lo largo de nuestra existencia. Somos esencia y todo lo que la circunda, y ese todo lo demás es lo que poco a poco decidimos modificar y reconstruir, (o no). Desvelar la esencia personal es un recorrido variable que requiere de valor y de honestidad, por eso es tan difícil de transitar. En mi caso, cuanto más escucho, cuanto más abierta estoy a la diferencia, y cuanto menos juicio ejerzo, más fácil y gratificante resulta el camino. Bienvenid@s quienes colaboráis en ese rompecabezas.

El ejercicio iniciado la anterior semana relativo a saber quien soy, enlaza hoy con una serie de dinámicas acerca de Como me construyo con tu mirada y como incorporo la mía. El modelado en plastilina como práctica de introspección, la emoción puesta en palabras, desembocan en movimiento corporal y risa liberadora.

Cada una ha elegido una flor, y en cada pétalo han brotado expresiones de las compañeras acerca de su percepción sobre las demás. Palabras hermosas, miradas mucho más generosas que la propia.

Y nuevos interrogantes:

¿Cuánto de lo que l@s demás proyectan sobre mí lo hago propio, con cuanto me identifico?

¿Cuánto es realmente verdad? ¿soy objetiva?

¿Cuánto sirve para empoderarme y hacerme crecer?

¿Cuánto me descorazona y me hunde?

¿Cómo gestionamos nuestro sentir ante la percepción que el otro tiene de mí?

¿Quiero cambiar? ¿qué quiero cambiar? ¿qué hago para cambiar?

Todavía, mucho trabajo por delante.

La resistencia al cambio

La vida es un cúmulo de situaciones sometidas a cambios. Unas veces de manera pausada, otras de modo imperceptible (lo llamamos evolución y solemos apreciarla cuando tomamos distancia); otras de manera brusca (las revoluciones). Por eso resulta sorprendente la gran resistencia que tenemos al cambio, aún sabiendo que todo cambia, que nada es permanente.

La falta de entrenamiento

Quizá se derive de no estar preparados, de no estar entrenados, de no saber lo que se nos avecina, de la dificultad de gestionar la incertidumbre; porque cuando de modo realista nos anticipamos a una situación nos resulta más fácil manejarla, podemos prever lo que haremos, cómo lo haremos, cuando lo haremos, incluso cómo nos sentiremos… Por eso hay experiencias de dificultad/incomodidad que cuando sabemos colocarlas, podemos movernos entre ellas con mayor soltura y logramos superarlas sin trauma.

La impredecible realidad 

Pero, ¿que ocurre cuando la realidad se nos viene literalmente “encima” sin estar preparados? Pues que nos invade, y da igual lo que objetivamente suponga o signifique, porque nuestra subjetividad es la que prima, y es tan grande, que solo consideramos válidos y realistas nuestros parámetros sin percatarnos de lo autodestructivos que pueden ser. Y eso puede destrozarnos.

¿Qué hacer?

1.Confiar, en que esto que está pasando ahora es temporal, y que pasará. Incluso contemplar que  puede aportarnos algo positivo.

2. Hacer, “distraernos” con actividades que nos agraden, nos hagan estar concentrados, que nos permitan aprender. Cuando se tienen pocas energías puede empezarse con cosas muy sencillas que requieran poco esfuerzo y progresivamente irlas incrementando.

3. Construir poco a poco esquemas de flexibilidad, comprensión y adaptación ante el cambio.

_ 3.1. Modificando nuestro lenguaje, integrando el lenguaje positivo.

_ 3.2. Alterando nuestra perspectiva, poniéndonos al otro lado, siendo la otra persona, vivenciando la experiencia desde un lugar diferente.

_ 3.3 Buscando la parte buena/positiva e irla nutriendo. Es importante que vayamos por partes. Es imposible abordar “el todo” desde el principio.

Hoy, con la inspiración puesta en A. Calder hemos construido móviles y stabiles, generando un ejercicio de reflexión individual y colectiva, fruto de nuestro posicionamiento ante el cambio.

Me hago mayor. Cambio y descubrimiento

Vivimos condicionados por lo que fuimos y creemos que seguimos siendo, y hasta las cosas que hemos arreglado, o creemos que hemos resuelto, siguen produciendo un efecto en nosotros, lo que también se traduce en las limitaciones que ponemos a nuestra vida, en nuestros avances y aparentes retrocesos.

Construimos y destruimos nuestra autoestima, aprendiendo de los errores y situando la frustración, hasta darnos cuenta una y otra vez, que se trata de estar continuamente haciendo camino, de trabajar sobre ello para “volver a ser, para recuperarse uno mismo” y convertirse en persona.

Las emociones nos envuelven, el sentir se transforma en pensamiento y a partir de ahí nos ponemos en acción. No todas las emociones negativas son malas. Me encuentro continuamente con devastadoras y confusas propagandas sobre la necesidad de reconquistar el ser feliz frente a la pena, como si las emociones “bajas” fueran malas. Estamos diseñados para experimentar la alegría y la tristeza, el dolor, el miedo, la sorpresa… todo tiene sentido y todo está interrelacionado, no podemos vivir solo en la luz, del mismo modo que vivir solo en la sombra sería inviable. La pena, la pérdida, el dolor simplemente están, y en ocasiones son grandes inspiradores. Resulta duro y exigente este mundo en el que todo tiene que ser “limpio y bonito”. Me encanta el Elogio de la sombra de Tanuzaki con esa alusión permanente a la belleza de lo efímero, la ausencia de luz, la importancia de la huella, de la fractura, y la necesidad del otro lado para poder estar en equilibrio, el famoso yin y yang del universo oriental.

En medio de todo me hago preguntas y exploro mis respuestas. Me miro al espejo, me cuestiono, pregunto como me ve el otro, escucho, analizo el contraste, me construyo con mi mirada y con la ajena. Cambio, me dejo aconsejar, sabiendo que el consejo del otro  es una orientación para decidir, nunca una obligación, descubro. Abordamos la confianza, esa forma de entrega que ocurre casi sin que te lo propongas, confío. Nos detenemos en la imagen de uno mismo generada desde lo emocional sumergiéndonos en un ejercicio de reconocimiento de nuestro rostro a partir de la fotografía, lo enlazamos con el reconocimiento del otro. La imagen percibida desde diferentes miradas y mi autopercepción.