La resistencia al cambio

La vida es un cúmulo de situaciones sometidas a cambios. Unas veces de manera pausada, otras de modo imperceptible (lo llamamos evolución y solemos apreciarla cuando tomamos distancia); otras de manera brusca (las revoluciones). Por eso resulta sorprendente la gran resistencia que tenemos al cambio, aún sabiendo que todo cambia, que nada es permanente.

La falta de entrenamiento

Quizá se derive de no estar preparados, de no estar entrenados, de no saber lo que se nos avecina, de la dificultad de gestionar la incertidumbre; porque cuando de modo realista nos anticipamos a una situación nos resulta más fácil manejarla, podemos prever lo que haremos, cómo lo haremos, cuando lo haremos, incluso cómo nos sentiremos… Por eso hay experiencias de dificultad/incomodidad que cuando sabemos colocarlas, podemos movernos entre ellas con mayor soltura y logramos superarlas sin trauma.

La impredecible realidad 

Pero, ¿que ocurre cuando la realidad se nos viene literalmente “encima” sin estar preparados? Pues que nos invade, y da igual lo que objetivamente suponga o signifique, porque nuestra subjetividad es la que prima, y es tan grande, que solo consideramos válidos y realistas nuestros parámetros sin percatarnos de lo autodestructivos que pueden ser. Y eso puede destrozarnos.

¿Qué hacer?

1.Confiar, en que esto que está pasando ahora es temporal, y que pasará. Incluso contemplar que  puede aportarnos algo positivo.

2. Hacer, “distraernos” con actividades que nos agraden, nos hagan estar concentrados, que nos permitan aprender. Cuando se tienen pocas energías puede empezarse con cosas muy sencillas que requieran poco esfuerzo y progresivamente irlas incrementando.

3. Construir poco a poco esquemas de flexibilidad, comprensión y adaptación ante el cambio.

_ 3.1. Modificando nuestro lenguaje, integrando el lenguaje positivo.

_ 3.2. Alterando nuestra perspectiva, poniéndonos al otro lado, siendo la otra persona, vivenciando la experiencia desde un lugar diferente.

_ 3.3 Buscando la parte buena/positiva e irla nutriendo. Es importante que vayamos por partes. Es imposible abordar “el todo” desde el principio.

Hoy, con la inspiración puesta en A. Calder hemos construido móviles y stabiles, generando un ejercicio de reflexión individual y colectiva, fruto de nuestro posicionamiento ante el cambio.

Lo visible invisible

Alguna vez te has parado a preguntarte: ¿Cuantas cosas pasan cotidianamente a mí alrededor-que deberían importarme-, y de cuantas realmente me doy cuenta? Porque eso, darnos cuenta, ser de verdad conscientes del fondo de las cosas significativas, transforma lo invisible en visible, y hace que nuestra forma de operar sea totalmente diferente, lo que en ocasiones separa el acierto del error.

Las apariencias engañan

Y es que no siempre lo que “parece” responde a la realidad. Muchos y muchas recordaréis aquello de “las apariencias engañan”, y es cierto, confunden y mienten, pero ahí están, con la carcasa con la que sea que se muestren. Como los juegos de sombras de: Tim Noble and Sue Webster, Kumiya Mashita, Shigeo Fukuda, Diet Wiegman, que hoy utilizamos en la sesión como “disparadores”. Inspiradores de lo que vemos en primera instancia pero que ocultan lo que estando, se nos escapa.

Visibilizando lo profundo

Desde ahí, hemos visibilizado lo profundo: lo que queremos decir y no somos capaces, lo que se nos engancha a la cabeza y no nos deja descansar, lo que pensamos/creemos/imaginamos y luego vemos que no es. Hemos plasmado la dificultad de expresar muchas veces lo que sentimos o experimentamos, y la necesidad de seguir indagando en ese camino de clarificar el mensaje. Comunicación, expresión, escucha activa, lenguaje, reflexión y empoderamiento frente a vergüenza, miedo, y puro desconocimiento.

Metodologicamente nos hemos servido:

→ del trabajo corporal

→ de la narrativa personal compartida y enriquecida por el grupo

→ de la expresión plástica sobre diversos soportes -algunos dándose la mano en un puzzle de lo simbólico-.

Estar triste

El que un muchacho te traslade de manera explicita un sentimiento de pena infinita, de “estar casi siempre triste“, hace que vuelvas a sumergirte en la enorme cantidad de emociones y sentimientos por los que transcurren los adolescentes, poniendo consciencia en la diferencia entre tener una personalidad con tendencia a la tristeza (el ser triste/melancólico), y el vivir una circunstancia generadora de este estado (el estar).

La tristeza es una emoción que en ocasiones evoluciona a sentimiento -sentimiento de pena-,  que todos hemos experimentado. Hay personas más o menos propensas, y etapas o circunstancias de la vida que nos sumergen en la desolación de un modo más intenso que otras. La adolescencia es un momento con una enorme cantidad de cambios, que hacen que la tristeza aparezca muy a menudo, en ocasiones de la mano de la decepción, la frustración, la rebeldía, el enfado o la apatía.

La decepción, fruto de expectativas incumplidas, y la frustración habitual ante el sentimiento de fracaso hace que chicos y chicas se dejen invadir por la desazón y el abatimiento. Aprender a situar las expectativas, ser realista y positiv@; y abordar los reveses de la vida desde el aprendizaje y la resiliencia contribuirá a sobrellevar la tristeza.

La rebeldía y el enfado, propios de una etapa de reafirmación y de enfrentamiento a los “mayores”, desembocan a menudo en estados de tristeza que cuando se alarga en el tiempo, presenta jóvenes apáticos y melancólicos a los que no siempre es fácil motivar.

Hoy nos hemos sumergido en este sentimiento representándolo como si fuera una planta. Hemos transitado por sus diversas maneras de mostrarse; apreciando su contraste con la alegría; visibilizando donde lo siento; qué parte de mi cuerpo es la que lo detecta, cómo lo expreso y traslado a los demás, y verbalizando cómo lo percibo en el otro. Un ejercicio de introspección y exteriorización que seguiremos abordando.

 

 

Arteterapia y educación emocional

Arrancamos esta edición del nuevo taller de arteterapia y educación emocional con la mirada puesta en el crecimiento personal a través de diferentes procesos artísticos. Embarcados una vez más en la aventura del pensamiento creativo, pondremos atención y cuidado en la comunicación y la expresión, y estaremos muy atentos a las diferencias.

El ejercicio de presentación del taller, y de los y las participantes, mediante la palabra y el dibujo, es una ocasión para empezar a conocer que es eso del arteterapia; para algunas chicas resulta un concepto nuevo y diferente que las compañeras contribuyen a clarificar. Resulta mucho más cercano que cualquier explicación de un adulto, el que las chicas desgranen con sus palabras lo que hicieron en anteriores ocasiones y lo que les gustaría hacer para propiciar el crecimiento personal de cada una.

Las pinturas y el papel permiten expresar en un juego espontáneo qué es lo que caracteriza a cada cual. La información sobre: “… lo que mas me gusta de mi semana, lo que menos, lo que mejor hago, lo que mas me cuesta, lo que menos, mi mejor cualidad, algo que me gustaría hacer/conseguir este curso…” se va abriendo paso empezando a mostrar resquicios de la mirada interior -tan poco habitual en nuestra cotidianeidad-, entrelazada y enriquecida por la percepción de los demás.

Es muy alentadora la demanda expresa de pequeños ejercicios de visibilización de los sentimientos, como nuestra Rueda del sentir. Y significativa la referencia a las normas verbalizadas y escritas en ocasiones precedentes relativas al respeto y al compromiso.

 

El raro absoluto

Cada vez soy mas consciente de la relatividad de las cosas, literalmente. De cómo lo que para mí es muy importante, para ti no lo es; de cómo por mucho que ponga “el acento” en afirmaciones o acciones para mí significativas, pueden no tener absolutamente ninguna trascendencia para tí. Y no valen argumentos ni explicaciones, sencillamente las cosas para cada cual tienen una dimensión y una repercusión muy diferente, y lo único posible es ser consciente de ello y aceptarlo con humildad.

Admitir la mirada del otro y si es posible, incorporarla a la propia para abrir y enriquecer nuestra percepción de lo que la vida nos pone por delante.

En este sentido, los días de convivencia que propicia el verano dan para mucho entrenamiento y aprendizaje. Para atreverse, para dudar, para confiar, para intentarlo, para equivocarse y volver a apostar, para cerrar los ojos y creer a pesar de todo, para ilusionarse con lo aparentemente sencillo, y que resulta increíblemente grandioso. Todo eso y mucho más lo encontré de la mano de la naturaleza.

Por el camino, lo absoluto de algunas poquísimas cosas, como la majestuosidad de la Brèche du Roland, algo difícilmente transferible con palabras.

Según cuenta una leyenda, Roland, sobrino de Carlomagno, al acabar la batalla de Roncesvalles, cansado de tanta lucha, golpeó con fuerza la roca para destruir su espada, el resultado fue este espectacular “corte” de 40 m. de ancho y 100 m. de altura, en el corazón de los altos Pirineos franceses, a 2.804 m.

Metolerate. Educación para la convivencia en un mundo intercultural

Metolerate ha sido un Campamento urbano educativo en el que a partir de la vivencia y el juego, hemos desarrollado conceptos de los que se habla mucho y, pocas veces tenemos ocasión de experimentar desde la práctica y la consciencia: apertura a la diferencia, respeto, aceptación, hospitalidad, pluralidad, comprensión, convivencia y mucho más que tolerancia.

La idea, que surge de las carencias relacionales entre los adolescentes de hoy en día en un mundo de numerosos estímulos visuales y tecnológicos, ha acompañado y conducido a los chicos y chicas del barrio de San Cristóbal de los Ángeles en el entendimiento de nuestra relación con el otro, y en la construcción de relaciones más abiertas, respetuosas y enriquecedoras. 

Hemos jugado y aprendido en las instalaciones de Casa San Cristóbal, y también hemos salido del recinto interactuando con el entorno. Muchas horas y experiencias compartidas, con los chicos y chicas, y con profesionales de la educación y la psicología; haciendo: actividades plásticas, performance, nuevas tecnologías, movimiento corporal, narrativas visuales y sonoras, juegos de conocimiento… y mucho aprendizaje.

Dos intensas semanas en las que nos hemos apoyado en los Lenguajes creativos, tejidos con las lnteligencias múltiples, muy especialmente en la Inteligencia cultural y social, entrenando: la escucha, el diálogo, la comunicación, la percepción y la importancia del contexto, el intercambio, la apertura, el respeto, el no juicio, la comprensión, la tolerancia, la acogida y la hospitalidad. 

Gracias a todos y a todas por propiciarlo, por participar, por apoyarlo y conducirlo, y a quienes lo estáis leyendo, por darle visibilidad.

La enfermedad representada

Todo pasa, lo malo también, el dolor también.

Lo sé, lo he vivido. Pero (y cada vez que en una afirmación hay un pero, me da que pensar), cuando estás en el núcleo del huracán, en plena experiencia dolorosa en primera persona -en este caso la enfermedad-, es muy fácil olvidarse de que todo pasa.

Acabo de vivir este proceso sintiendo que estaba dentro y fuera al mismo tiempo. La medicación era tan fuerte que me dejaba en un estado de semi-letargo, consciente de lo que ocurría pero agotada. Una larga semana en la que apenas dormí, en la que me sentía exhausta, en la que el dolor me hacía cambiar continuamente de postura, sin aguantar mucho de ningún lado, en la que tenía alteraciones en la visión,  en la que la lengua estaba permanentemente pastosa, y me cambió el sentido del gusto, en la que la sensación de sequedad era agobiante, la vejiga siempre llena, y los diversos dolores se intercalaban: punzante en el hígado, presión del ciego, crispación del estómago, contracción del intestino.

Quince días, cambio de medicación, síntomas que van menguando, y efectos secundarios que se disuelven. Consciencia de todo a cámara muy lenta y lucidez de que esto no ha sido nada, un susto, un paréntesis corto. La tremenda perspectiva de la relatividad de la vida y de las cosas. Querer incorporar este ritmo pausado a mi día a día, sin prisas, sin querer abarcar tanto, mimando lo que decido hacer, deteniéndome en el detalle, siendo cada vez más verdadera. Atenta a la vulnerabilidad y a la pena. Sentirme afortunada y en paz.

Hablamos en nuestro taller de la enfermedad, de lo que pasa cuando se está malita o malito. De cómo de importante es el estado del alma, la cabeza, los cariños… de cómo se supera lo físico cuando lo demás está en orden. De qué ocurre a nuestro alrededor cuando no nos encontramos bien, la importancia del abrazo sincero, de sentirse significativo/a.

Alguno/as representan enfermedades que para ellos fueron importantes. Otros/as, afortunadamente aún no vivieron experiencias duras en este sentido, así que con el foco puesto en el hecho de no encontrarse bien, expresan su manera de percibir la enfermedad, lo plasman con pinturas al agua y color.

No siempre es fácil el ejercicio de inmersión, pero al final logran concentrase y reproducir su visualización de la enfermedad y lo que ocurre mientras tanto.

 

 

Estar en un hospital

¿Tienes dolor?

De cero a diez, ¿cuanto dolor tienes?

¿Qué prefieres que te ponga antes: el calmante o la medicación?

Estar en un hospital no es solo que tengas que recuperarte de una infección demoledora, de un accidente inesperado o de una intervención imprescindible. Todo eso es lo que primero se aprecia, lo tangible; sin embargo, estar en un hospital es mucho más.

Te lleva a convivir con un/a compañero/a de habitación, lo que resulta variable, ya no solo por la persona, sino por sus visitas.

Tus propias visitas, en el mejor de los casos respetuosas y cuidadoras, que te quieren y demuestran cariño; o que en ocasiones hacen que pongas a prueba tus herramientas terapéuticas para que entiendan que el hecho de que en ocasiones no quieras verles, no significa que les quieras menos.

Estar en un hospital es estar expuesto a numerosos momentos en los que se abren y cierran puertas, te abruman televisiones ruidosas, te sorprenden luces cegadoras -todavía persisten los fluorescentes-. Y lo que más he añorado: la falta de aire, de naturaleza, de espacio para estirar.

Echo de menos algo parecido a un jardín, un área para aflojar el cuerpo y la mente, un espacio para crear, y para hablar con tus seres queridos más allá de tu limitado pedacito de habitación. He soñado que era obligatorio utilizar casquitos individuales, qué había luces cálidas localizadas, y que el personal de noche utilizaba frontales de espeleología, que podía salir a tomar el aire, y que los muros que me rodeaban eran de colores. Para que el cuidado de lo qué se hace esté también en cómo se hace. Porque al final, una gran parte de tu recuperación, además de la farmacología o la cirugía, radica en el modo en que te tratan y todo lo que ocurre mientras tanto.

Estar en un hospital es sentir gemir a ciertos vecinos y sentirte afortunada porque no estás tan mal. Es escuchar comentarios de celadores y enfermeras que te recuerdan que hay vida fuera. Es llamar para que vengan y que en ocasiones se retrasen porque lo tuyo no es prioritario.

Puede ser una oportunidad para ser mucho más comprensiva, para escucharte, para dejarte mimar, para pedir que te cuiden, para no sentirte culpable porque quieran hacer cosas por ti, para permitirte decir: hoy no me apetece verte, por favor déjame descansar, ó ¡ven!

Estar en un hospital te obliga a parar tu cronómetro y recordarte que todo pasa en un suspiro. Que posiblemente lo más importante ya lo hayas hecho, y que lo que ahora te queda, sea seguir alentándolo.

 

Cómo visualicé mi ameba invasiva… cómo la representé, y cómo DESPUÉS la encontré reproducida en la wiki: Entamoeba histolytica

La familia construida

Una de las leyendas del árbol de Wanamey explica los orígenes de los humanos: Al parecer, los primeros pueblos fueron hijos del día y de la noche. Cuando tras la oscuridad se hizo la luz y el sol iluminó la tierra, apareció la humanidad y con ella surgieron los animales antiguos. 

Durante muchos años vivieron inocentes en paz y armonía. Cuando el hombre comenzó a desarrollarse se inició desorden. Los animales dejaron de convivir, y se entró en un periodo de desequilibrio.

Para que los humanos se salvaran del desastre eligieron a una pareja pura, de cuya unión nació un bebé, y de su interior surgió el árbol de la vida.

La historia es más larga y compleja, aclarando muchos conceptos desde el pensamiento mítico. Lo que a nosotros nos interesaba era tomar el mito como inspiración; y a partir de ahí, trasladar en forma de árbol, la gran familia que se ha ido construyendo a partir del vínculo creado entre los participantes del taller y que ha extendido sus ramas fuera del mismo.

La inspiración plástica de múltiples árboles de la vida da forma a una sencilla representación, que recoge el tejido de interrelaciones generadas de manera espontánea, y que evoluciona con la atribución de roles y características.

El árbol que surge es un producto invertido, nace en la copa, multiplica sus ramas con bifurcaciones y relaciones generando frutos muy personales.

Una metáfora de la familia construida por estos chicos y chicas, en la que cada participante tiene un papel concreto y significativo: la madre, las hijas, los padres, los y las hermanos… Una representación reflejo de un deseo compartido y la necesidad de vinculación afectiva más allá de lo biológico.

Huella de afectos y juego transformador

Cada vez que en esta ciudad, me acerco a contemplar el trabajo artístico que se realiza con los más pequeños, me debato entre dos bloques de “sentires” que me resultan contradictorios. Por un  lado: el reconocimiento, el agradecimiento y la empatía. Por otro: la decepción, la crítica y la rebelión. El primer conjunto de “sentires” aprecia la entrega y el trabajo de los educadores, y pone en valor el recorrido con l@s chavales. El segundo, tiene que ver con la constatación desde hace años, de que conceptos relacionados con: pensamiento creativo, educación artística, desarrollo emocional desde las artes, SOLO se desarrollan con los más pequeños; y cada vez que me ocurre esto, me pregunto: ¿qué pasa, que los niños no crecen? ¿qué ocurre con los preadolescentes, y con los adultos? con todos los demás ¿no tienen necesidades educativas emocionales

En general, nuestros niños aterrizan en la guardería, de ahí pasan al colegío, y más o menos hasta los 6 años tienen un acompañamiento artístico-emocional muy intenso. Después, de modo variable, ÉSTO queda interrumpido. El concepto de juego evoluciona hasta diluirse y llegar a la adolescencia en la que ya estamos absolutamente desocupados delproceso. Y es cierto, son edades difíciles, de mucho cambio físico, mental y emocional; edades en las que l@s chic@s no saben ni lo que quieren, ni como transmitirlo. Por no saber, a veces no saben ni LO QUE NO QUIEREN, y precisamente por ello es cuando más necesitan de todos estos estímulos y acompañamiento.

Juego simbólico y transformación

No creo que sea muy transformador el protestar y quejarse, me parece más enriquecedor expresar cómo ve un@ las cosas y trabajar al mismo tiempo contribuyendo al cambio.

La sesión de hoy conceptualmente estaba enfocada en la huella que en nosotros dejan los afectos. Hemos partido del juego simbólico construyendo una historia fantástica en la que entre los propios participantes han determinado sus  roles. En el reparto ha estado muy presente el origen de cada uno, el lugar al que llegaban (en conexión con la flor distinta), las características de cada participante que determinaban sus nuevas aptitudes. El “conductor del juego” ha orquestado el hilo de una historia en la que convivían: una paladin, una hechicera, una cazadora, una maga, una pícara, una guerrera… Después, hemos hecho visible la huella de los afectos en un gran mapa de sal de colores sobre papel continuo.