Activar la escucha

Una parte de la realidad con la que me encuentro en el taller de arteterapia y educación emocional para adolescentes de Casa San Cristobal, tiene que ver con un@s chic@s que olvidaron como dibujar, como construir, como imaginar, como inventar, como manejar el aburrimiento… En ocasiones ni siquiera son conscientes del olvido, sencillamente aluden a que “nunca lo hicieron, a que nunca lo aprendieron”.

Me revuelvo cada vez que me doy cuenta de como ciertos aprendizajes se van diluyendo a medida que l@s chavales crecen; de como se les quita la posibilidad de seguir soñando, de expresar de otra manera. Y lo difícil que es estimularles y encontrar herramientas que les motiven y les activen.

¿Por qué solo l@s más pequeñ@s siguen contando con estímulos creativos? Básicamente a partir de primaria l@s chic@s empiezan a ver reducida su paleta de estímulos de modo progresivo, hasta llegar a los once años, momento en que una gran parte son absolutos dependientes de una pantalla, y el juego analógico ha pasado a mejor vida.

En paralelo van creciendo y demandando más autonomía, más tiempo, más cosas… las hormonas se revolucionan y l@s chic@s se rebelan y no saben comunicarse. Al mismo tiempo los padres/madres se encuentran ante una realidad compleja: atender la familia, la casa, y mantener el trabajo -cuando lo hay-; cansados (la mayor parte mujeres, madres), llegan a casa agotad@s y con poca disposición para la escucha, esa que sus hij@s necesitan y cuesta activar. Tod@s tienen razones que explican su realidad, pero es necesario que l@s progenitores se impliquen de modo proactivo, con algo más de tiempo y disponibilidad; anticipándose unas veces y otras abordando el enfado o la actitud taciturna de sus hij@s. L@s educadores y/o terapeutas podemos dar pautas (estar fuera de foco permite ser más objetiv@ con las circunstancias), pero el ejercicio de aproximación cuando l@s chavales se enfurruñan, o se encierran en sí, tiene que formar parte de lo cotidiano, en casa, haciendo una pausa, hablando con tu hij@, y activando la escucha.

Con la inspiración en M. Rosenberg.  y las formas de comunicación no violenta, hemos partido de un ejercicio introspectivo con ojos cerrados, y expresado nuestro marco relacional mediante un juego de piezas de madera.

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