Mente y emoción. Un paseo por un terreno poco previsible

Insistencia en la escucha, atención al”desdoble” que supone escuchar nuestra emoción y escuchar nuestra mente.

La emoción es la que llega primero, impulsiva, colonizadora, alertando de lo que pasa en ese momento y poniendo en marcha todos los mecanismos disponibles para la acción, acción activa o pasiva, acción de estar arriba, o de estar abajo. Cuando estamos arriba, es todo genial, no hay preguntas. Las preguntas surgen cuando estamos abajo:”¿por qué me pasa esto?”,”¿por qué me siento así?”,”¿por qué estoy mal?”,”¿por que tengo esta energía?“,”¿cómo la cambio?”,”¿cómo salgo de aquí?”. Y muchas veces no hay respuestas, y es que el auto-bloqueo impide que las respuestas fluyan… Por eso cuesta tanto salir de esas situaciones, porque la fuerza de arrastre es tan potente que cada vez nos sentimos más absorbidos por las arenas movedizas de nuestro malestar, que nos arrastran y arrastran hasta lo más profundo… y el caso es que aunque estas emociones a veces, no nos gusten, están ahí para mostrarnos algo, muchas veces para enseñarnos, y es posible que cuando resulten tan insistentes sea porque algo se nos está escapando una y otra vez, algo que es importante y que todavía no hemos integrado convenientemente.


Las llamadas emociones negativas, las que nos duelen, son el contrapunto de las positivas las que son cómodas y bienvenidas. Vivimos un mundo tan volcado en el placer y el confort que lo que nos incomoda lo rechazamos con fuerza, y resulta que eso también forma parte de nuestra existencia, de la vida, del aprendizaje… Aprender a convivir con ello, a situarlo, a que el dolor no se convierta en sufrimiento es todo un aprendizaje y una tarea.

Personalmente me sirve tomar consciencia de la riqueza que entraña canalizar esas energías a través de los procesos creativos; los grandes poemas y las piezas de música que más me han”tocado” tienen su origen en la tristeza que embargaba al autor, y su continuidad en como transmutaba esa emoción desde la expresión.


En paralelo, la mente, que siempre está, a veces agazapada, atenuada en ocasiones, y otras en primera línea. Conteniendo, frenando, delimitando. Poniendo orden, o precipitando. Ese”pepito grillo” que puede llegar a ser tan incómodo y que también nos resulta tan conveniente cuando argumenta a nuestro favor.


Somos cuerpo y emoción, y en ese cuerpo hay mente, no podemos negar a la mente por muy emocionales que queramos ser, ni tampoco alimentar lo que nos hace sentirnos mal… Se trata de articular un complicado juego de equilibrio para que la emoción emerja, nos hagamos cargo de ella, la situemos y con una razonable distancia la mente se ponga a trabajar. Al final no se trata de un pulso, solo de un paseo por un terreno poco previsible.


Arteterapia. Ocupando mi lugar IV.
Ejercicios de dramatización y teatralización de la escucha. Casa San Cristobal.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *