Me hago mayor. Cambio y descubrimiento

Vivimos condicionados por lo que fuimos y creemos que seguimos siendo, y hasta las cosas que hemos arreglado, o creemos que hemos resuelto, siguen produciendo un efecto en nosotros, lo que también se traduce en las limitaciones que ponemos a nuestra vida, en nuestros avances y aparentes retrocesos.

Construimos y destruimos nuestra autoestima, aprendiendo de los errores y situando la frustración, hasta darnos cuenta una y otra vez, que se trata de estar continuamente haciendo camino, de trabajar sobre ello para “volver a ser, para recuperarse uno mismo” y convertirse en persona.

Las emociones nos envuelven, el sentir se transforma en pensamiento y a partir de ahí nos ponemos en acción. No todas las emociones negativas son malas. Me encuentro continuamente con devastadoras y confusas propagandas sobre la necesidad de reconquistar el ser feliz frente a la pena, como si las emociones “bajas” fueran malas. Estamos diseñados para experimentar la alegría y la tristeza, el dolor, el miedo, la sorpresa… todo tiene sentido y todo está interrelacionado, no podemos vivir solo en la luz, del mismo modo que vivir solo en la sombra sería inviable. La pena, la pérdida, el dolor simplemente están, y en ocasiones son grandes inspiradores. Resulta duro y exigente este mundo en el que todo tiene que ser “limpio y bonito”. Me encanta el Elogio de la sombra de Tanuzaki con esa alusión permanente a la belleza de lo efímero, la ausencia de luz, la importancia de la huella, de la fractura, y la necesidad del otro lado para poder estar en equilibrio, el famoso yin y yang del universo oriental.

En medio de todo me hago preguntas y exploro mis respuestas. Me miro al espejo, me cuestiono, pregunto como me ve el otro, escucho, analizo el contraste, me construyo con mi mirada y con la ajena. Cambio, me dejo aconsejar, sabiendo que el consejo del otro  es una orientación para decidir, nunca una obligación, descubro. Abordamos la confianza, esa forma de entrega que ocurre casi sin que te lo propongas, confío. Nos detenemos en la imagen de uno mismo generada desde lo emocional sumergiéndonos en un ejercicio de reconocimiento de nuestro rostro a partir de la fotografía, lo enlazamos con el reconocimiento del otro. La imagen percibida desde diferentes miradas y mi autopercepción.

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