Línea de un sueño VI. El ikigai

Para los japoneses todo el mundo tiene un ikigai, una razón de ser. No sé si todos nos llegamos a dar cuenta, pero si es así, siento que cada uno encontrará su momento. Estoy convencida que la esencia de cada persona y las circunstancias son las que nos condicionan y determinan. Cuando nos hacemos conscientes, y nos ponemos a averiguar nuestra razón de ser, iniciamos un recorrido en el que ocurren muchas cosas, desde la riqueza de la propia experimentación, la satisfacción de hacer lo que en ese momento corresponde, la sensación al percibir que te estás acercando a algo realmente importante y significativo… hasta la emoción generada ante la construcción de tu propio camino.

Debe ser porque voy haciéndome mayor, el caso es que cuantos más años cumplo, cada vez que pienso en vivir bien lo asocio a la idea de envejecer bien, lo que me lleva al modo físico y psicológico con el que transitamos la vida.

En mi caso, las claves de lo físico tienen que ver con una alimentación sana, un buen descanso, y una afectividad plena. Una de las poblaciones que mejor envejecen del mundo es la de Okinawua, estos japoneses además, incorporan a su dieta el té verde y las bondades de un buen clima subtropical. Lo primero: el camino del té o Chado y todo lo que conlleva, lo estoy experimentando hace tiempo. Lo segundo (hallar un lugar más amable para vivir), lo visualizo y lo coloco en mis objetivos de vida a medio plazo.

Entre las claves de lo psicológico, creo que la base radica en la importancia de que nuestra vida cobre sentido, para ello los nipones hablan de la felicidad de estar ocupado. Yo lo asocio con ​”hacer algo​”​, incluso si el concepto de hacer puede resulta​r muy relativo. La primera vez que leí esto lo interpreté como la felicidad que aporta ser útil, sentirte útil. Ahora no tengo claro si tiene que ver con un planteamiento demasiado occidental en el que el fin de lo que hacemos está muy relacionado con su utilidad. Cuando empecé a acercarme al Universo Oriental, una de las cosas que más me atrajeron fue que este concepto de utilidad apenas está presente, o al menos no como en Occidente. Al principio, el meditar, por ejemplo, desde mi mirada europea me resultaba poco valioso, y hoy es un diamante en bruto: meditar te ayuda a colocarte en tu lugar, a descubrir tu propósito de vida, a conectarte con tu entorno… y esto, al permitirme desvelar mi razón de ser, ​me lleva a sentir que estoy ocupada y que soy útil.​

El siguiente paso es comenzar el recorrido, para ello hemos vuelto a conectar con la idea de propósito-objetivo vital iniciada en esta”Línea de un sueño”, desgranando: lo que amo, aquello en lo que soy buen@, aquello que los demás necesitan, aquello con lo que me puedo ganar la vida, para desembocar en: mi pasión, mi profesión, mi vocación, mi misión, y empezar a componer mi ikigai. Con todo, las niñas han hecho un trabajo individual que alimentará su Cuaderno de sueños, que ha convergido en algo plural ​y colectivo donde se han entretejido los ikigais del grupo.

Arteterapia. Casa San Cristobal.

 

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