El raro absoluto

Cada vez soy mas consciente de la relatividad de las cosas, literalmente. De cómo lo que para mí es muy importante, para ti no lo es; de cómo por mucho que ponga “el acento” en afirmaciones o acciones para mí significativas, pueden no tener absolutamente ninguna trascendencia para tí. Y no valen argumentos ni explicaciones, sencillamente las cosas para cada cual tienen una dimensión y una repercusión muy diferente, y lo único posible es ser consciente de ello y aceptarlo con humildad.

Admitir la mirada del otro y si es posible, incorporarla a la propia para abrir y enriquecer nuestra percepción de lo que la vida nos pone por delante.

En este sentido, los días de convivencia que propicia el verano dan para mucho entrenamiento y aprendizaje. Para atreverse, para dudar, para confiar, para intentarlo, para equivocarse y volver a apostar, para cerrar los ojos y creer a pesar de todo, para ilusionarse con lo aparentemente sencillo, y que resulta increíblemente grandioso. Todo eso y mucho más lo encontré de la mano de la naturaleza.

Por el camino, lo absoluto de algunas poquísimas cosas, como la majestuosidad de la Brèche du Roland, algo difícilmente transferible con palabras.

Según cuenta una leyenda, Roland, sobrino de Carlomagno, al acabar la batalla de Roncesvalles, cansado de tanta lucha, golpeó con fuerza la roca para destruir su espada, el resultado fue este espectacular “corte” de 40 m. de ancho y 100 m. de altura, en el corazón de los altos Pirineos franceses, a 2.804 m.

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