El arte de cuidar y ser cuidado

Tomando como punto de partida la acción de compartir, el beber lo mismo, el hecho de arriesgarse a vivir y a morir lo mismo. Desde el grupo que ingiere una bebida común, muy diferente al acto de la ingesta individual. Desde de la presencia de la bebida y la comida en las  acciones y rituales de encuentro, de las sociedades y culturas a lo largo de la historia, enlazamos el cuidar y el ser cuidado con uno de los caminos más emblemáticos en el mundo oriental, el del té.

El camino del té

El té, después del agua es el líquido más consumido en el mundo. Bebida milenaria que se comienza a tomar como medicina y que se extiende como nexo de bienvenida y disfrute, propiciatoria de acuerdos, se define con significado propio, hallándose repleta de aplicaciones, beneficios y simbolismo; de ahí la constitución de uno de los caminos energéticos ancestrales, el CHADO ó SADO: el CAMINO del TÉ, donde la armonía, el respeto, la pureza y la calma cobran un sentido que nos pone en conexión con lo sagrado.

Con los cinco sentidos

De ahí ponemos el foco en el arte de cuidar y ser cuidado a través de la experiencia sensitiva: el olfato, el gusto, el tacto, el oído; con la ausencia de la vista, el sentido más valorado en el mundo que ocupamos y que en ocasiones llega a anular a los demás, detonante que abre la puerta a un universo de escucha y atención hacia el otro, tejiendo puentes que enlazan caminos, caminos de vida, caminos de encuentro. Gracias a Janet Val Triboullier por impulsarlo y propiciarlo, y a Donantes de Risas por su entrega y participación.

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