Descubrimiento, afecto y sexualidad

La primera vez que vi Tomboy, una película francesa del 2011, me llegó la sutileza del registro del lenguaje femenino (la directora es una mujer), con esa delicadeza de lo invisible que me ha costado encontrar en otros lenguajes, y que añoro cada vez más.

Situaciones que ignoramos

Preparando una nueva sesión para el taller, y consciente de la atracción por lo audiovisual de los chicas, intuí que proponer ese ejemplo de muchacha de diez años, que utiliza su aspecto y su corte de pelo para hacerse pasar por un chico, era una oportunidad para, desde un lenguaje narrativo y visual, mostrar como pueden darse un sinfín de situaciones cotidianas de las que no se habla por miedo, por vergüenza, porque resultan comprometidas y que no obstante, están ahí.

Las circunstancias que se abrían al grupo tocaban los roles de género, los juegos de la pubertad, las preguntas sobre lo que soy y/o lo que me gustaría ser, la vivencia de los afectos, las elecciones, la sexualidad… un crisol de interrogantes que nos conforman y construyen nuestra identidad teniendo su cara más visible en la autopercepción del propio cuerpo en un momento de cambio.

Referentes verosímiles

El lenguaje sensorial, la reflexión sobre los arquetipos sociales y el autodescubrimiento. La propia historia narrada con esos silencios largos tan franceses, a veces difíciles de sostener, y al mismo tiempo tan sugerentes e invitadores a posar la mirada de modo diferente al cotidiano, fueron un reto ante un grupo habituado a la rapidez frenética de la cultura visual en la que estamos inmersas, tan presente en las preadolescentes que conforman el taller, “bombardeadas” por los medios, y necesitadas de otros referentes verosímiles y lugares de más conciencia.

Atención, escucha y nuevos lenguajes

La apuesta suponía un trabajo de atención, de escucha, de sostener a las que tenían más dificultad en mantenerse atentas, de ofrecer alternativas en paralelo para las más nerviosas, de atreverse a explorar nuevos lenguajes y nuevas formas de comunicar.

Sugerí trasladar lo que más resonó a las chicas con una nueva narrativa dramatizada, en base a las propuestas que de modo natural emergieron de los tres grupos que conformaron. Fue sorprendente como de modo subconsciente, a través del ejercicio de juego simbólico expresaron su mirada, desvelando a través de realidades ajenas, lo que había de verdadero en la propia.

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