Deconstruir para construir

La mayor parte de las veces que hemos abordado la relajación en grupo, nos hemos encontrado con una resistencia inicial, una oposición a ceder el control, que comenzaba con el rechazo a cerrar los ojos, o el permiso para que fueran cubiertos; Un temor bastante común a lo desconocido. Y es que el ejercicio de detenerse, escuchar el silencio, dejarse traspasar por la oscuridad, y aparentemente “no hacer nada”, es algo a lo que no estamos acostumbrados, y choca de manera frontal con los mensajes del hacer de cada día, con la consigna de “aprovechar el tiempo” que algun@s tenemos grabada hasta la médula.

Resulta que, cuando hay poco espacio para construir, hace falta deconstruir, y ese ejercicio necesita de calma, de respirar de manera consciente, de dejarse llevar por lo aparentemente intrascendente para aterrizar en lo profundo.

Darse permiso para probar y “soltar

En casi todas las ocasiones, también ha ocurrido que muy despacito, el grupo ha ido accediendo al intento, a darse permiso para probar y “soltar”. L@s chic@s han ido avanzando en este propósito de manera gradual y también desigual, algunos venciendo a la desconfianza, otros con curiosidad.

Hay personas que se dejan traspasar más que otras, que se dejan “permear” tanto por lo agradable, como por lo menos placentero, con lo que en primera instancia gusta y con lo que no.

Lo que nos ocurre nos conforma y nos delata, permitiendo desde el misterio del “no hacer” la transformación en posibilidad; y eso es precisamente lo que ha emergido de este espacio seguro donde cerrar los ojos, aspirar un aroma, recibir una caricia, escuchar una leyenda, hilarla con el recuerdo, y a partir de ahí construir la propia historia. Lo que luego ha tomado forma en un ejercicio plástico con ceras grasas sobre telas de colores.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *