Asentando mis compromisos. La paz de la aceptación

A veces entender las cosas te ayuda a aceptarlas, pero no siempre es así. Lo que finalmente te proporciona calma y paz es aceptar, y para ello no siempre es preciso entender, entonces ¿por qué ponemos tan poca energía en aceptar?
La razón parte de que si entendemos algo lo tendremos más fácil para aceptarlo. A parte de que eso no siempre es así, ¿qué pasa cuando no podemos entenderlo? pues que la vía para aceptarlo queda cortada. Por eso, la cuestión es: ¿cómo aceptas cuando no entiendes?

La necesaria apertura

En primer lugar: «asumiendo que entender las cosas no supone aceptarlas»; de modo que desde que sitúas que entender NO SIGNIFICA aceptar, le das menos importancia a entender, descubriendo que el hecho de aceptar es lo que te proporciona paz interior.

Cuando te das cuenta de que tu entendimiento no es tan importante, paulatinamente pones menos energía en entender y más en aceptar. Esto es apertura, lo que requiere menos esfuerzo y energía, y viene a suponer «dejarte llevar por la corriente»; mientras que entender muchas veces es ir contra ella. Cuando llega algo que te disgusta, primero lo niegas, y luego cuando percibes que tienes que «lidiar» con ello, tratas de entenderlo, si finalmente no lo logras, la única opción que te quedará será la aceptación.

El desarrollo del instinto

Con el tiempo desarrollamos el instinto que nos hace saber cuando vamos a llegar a la orilla y cuando no. Si estás en el Amazonas va a ser muy difícil llegar al otro lado, aunque le dediques toda tu vida; porque incluso si llegaras, todo ese tiempo habrías perdido un sinfín de oportunidades.

Luchar es una opción, es la mayoritaria, la que te iguala a los demás y evita que se te excluya, incluso si aceptar será muchas veces visto como rendición, como «pasotismo».

La verdad es relativa

Así que en vez de derribar el muro del otro para acceder a él, mejor esperar o rodearlo.

No hay una única verdad, ni una sola forma de cruzar el río o atravesar el muro, hay múltiples ríos y muros, y donde te sitúas hace que la forma de abordarlo sea diferente. No somos nadie para tan solo utilizando nuestras gafas para ver, explicar los ríos de los demás, porque cada cristal y cada mirada es diferente, tan diferente como lo que hay al otro lado.

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