Adolescencia y sinceridad

Una “Rueda del sentir” tras unos días de descanso, de desconexión con lo habitual, y de encuentro con un nuevo año, es siempre muy rica y variada.

Alrededor de las pequeñas-grandes anécdotas que engloban a la familia y a los amigos, surgen muchas preguntas relacionadas con temas que les importan, pero que a los adolescentes les cuesta verbalizar; especialmente todo lo relativo a las nuevas formas de sexualidad, con múltiples interrogantes, que recogemos para abordarlo más adelante de manera específica.

Necesidad de transparencia

Precisamente, este contenido nos ha llevado a la necesidad de transparencia frente a la ausencia de la misma.

Las mentiras en la adolescencia se suelen generar cuando l@s chic@s empiezan a demandar más libertad en casi todas las áreas, y no se sienten escuchados. Las diferencias con los padres y los adultos se agudizan; y buscan la complicidad con los amigos, la aceptación y el no sentirse juzgados. Los progenitores, por su parte, consideran que sus hij@s aún no son suficientemente mayores para hacer ciertas cosas, y les protegen con impedimentos que l@s chic@s no suelen comprender. El caso es que en muchas ocasiones hay desentendimiento, enfrentamiento, y falta de confianza.

El “ya no soy un/ niñ@” expresa el momento vital de los 12, 13 años, cuando l@s chic@s comienzan a descubrir que están dejando de ser niños. Salir de esta etapa les lleva a situaciones de indecisión ante los padres (que aún piensan que son pequeños), y los amigos (a los que tienen que demostrar que están a su altura). Estar “a bien” con ambas partes supone que en ocasiones, mientan, y se enreden en situaciones complicadas de las que cuesta salir airosos.

Como adultos, lo primero es ser conscientes de la necesidad de asentar buenas bases sobre la confianza y la verdad. Para ello, sugerimos:

1.- Analizar sus razones para mentir y revisar lo que “hay detrás”, los verdaderos motivos por los que se miente: para conseguir algo, para eludir un problema, para evitar una realidad que les disgusta, para quedar bien, para llamar la atención…

2.- Crear y mantener un ambiente de sinceridad, confianza y diálogo, sin juicio ni reproches, con responsabilidades. Generando espacios en los que hablemos y escuchemos todos.

3.- Contrastar nuestra manera de proceder con adultos y educadores. Varias miradas aportan mayor riqueza sobre nuestra percepción.

Tras escuchar la historia de la “Flor de la verdad”, una leyenda oriental, nos hemos sumergido en un universo de imágenes representando el valor de la sinceridad para cada un@.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *